Un nevus azul se forma cuando las células productoras de pigmento terminan más profundas en la piel de lo habitual y se agrupan allí. La genética, la exposición a los rayos UV y los cambios hormonales pueden desempeñar un papel, pero no hay una causa única probada.
La mayoría de los nevos azules son completamente benignos y permanecen estables de por vida. El riesgo de que se desarrolle un melanoma en un nevus azul es bajo pero ligeramente más alto que en un lunar marrón típico, por lo que cualquier cambio visible o nuevos síntomas deben ser revisados.
Si un nevus azul parece típico y no cambia, no se necesita tratamiento más allá de un monitoreo regular. Cuando se necesita extracción, por ejemplo, si cambia, se traumatiza repetidamente o parece atípico, generalmente se extirpa quirúrgicamente y se envía para histología; no se recomiendan los métodos de láser o congelación.
No puedes prevenir completamente los nevos azules, pero puedes reducir los riesgos protegiendo tu piel de los rayos UV, evitando el roce o trauma crónico, y manteniéndote al tanto de los cambios en tus lunares. Los autoexámenes regulares, las fotos y nuestro análisis de piel por IA ayudan a detectar cambios sospechosos temprano.
Consulta a un dermatólogo si un lunar azul es nuevo, está creciendo, cambia de color o forma, o comienza a picar, doler o sangrar. Incluso para lesiones estables, un chequeo profesional de la piel cada 1-2 años más un monitoreo de rutina con nuestro análisis de piel por IA es una buena idea.
Un nevus azul típico y estable no es una emergencia y puede ser revisado en una visita dermatológica de rutina. Si crece rápidamente, cambia de color o forma, o comienza a picar, doler o sangrar, deberías ver a un dermatólogo en semanas en lugar de meses.