La principal causa de la queratosis actínica es la exposición prolongada a la radiación UV del sol o camas de bronceado, que daña gradualmente las células de la piel. La piel clara, la edad avanzada, la inmunidad debilitada y ciertos productos químicos o radiación aumentan aún más el riesgo.
La queratosis actínica es una condición precancerosa, y una proporción de lesiones puede convertirse en carcinoma de células escamosas con el tiempo. Tener muchas lesiones gruesas e inflamadas también indica un mayor riesgo general de cáncer de piel en la piel circundante dañada por el sol.
El tratamiento generalmente combina una fuerte protección solar con la eliminación o destrucción de las manchas dañadas utilizando métodos como congelación, láser, cremas o terapia fotodinámica. La elección exacta depende de cuántas lesiones tengas, cómo se ven y si se sospecha de cáncer, lo que puede requerir una biopsia o extirpación quirúrgica.
La mejor prevención es la protección solar de por vida: limitar el sol fuerte, evitar las camas de bronceado, usar protector solar SPF 30+ y usar sombreros y ropa que cubra. Los autoexámenes regulares de la piel y la eliminación temprana de manchas sospechosas también ayudan a prevenir la progresión al cáncer de piel.
Deberías ver a un dermatólogo por cualquier mancha áspera y escamosa persistente expuesta al sol, especialmente si crece, se engrosa, duele o sangra. El seguimiento regular es importante porque la queratosis actínica es una condición precancerosa y a menudo aparecen nuevas lesiones con el tiempo.
La queratosis actínica no es una emergencia, pero deberías ver a un dermatólogo en unas pocas semanas a meses para diagnóstico y tratamiento, especialmente si tienes múltiples lesiones o alguna mancha que está creciendo, es dolorosa o sangra.