La causa exacta del granuloma piógeno no está completamente clara, pero parece ser una respuesta de curación exagerada de los vasos sanguíneos, a menudo después de una lesión menor, irritación o quemaduras. Los cambios hormonales, algunos medicamentos y el embarazo también pueden desencadenar o promover estos crecimientos.
El granuloma piógeno en sí es benigno y no se convierte en cáncer, pero puede sangrar abundantemente o infectarse si se irrita. El principal riesgo médico es confundirlo con un cáncer de piel que puede parecer similar, por lo que es importante un diagnóstico adecuado.
Los granulomas piógenos generalmente se tratan eliminándolos, más a menudo con escisión quirúrgica, láser, cauterización o congelación, seguida de histología para confirmar el diagnóstico. Debido a que son muy vasculares, es importante un control cuidadoso del sangrado durante y después del procedimiento.
Puedes reducir la probabilidad de granuloma piógeno protegiendo tu piel de lesiones menores repetidas, quemaduras e irritación crónica, y tratando las infecciones de la piel de manera oportuna. Los autoexámenes regulares y las visitas tempranas al médico para nuevos bultos sangrantes también ayudan a detectar temprano los cánceres similares.
Deberías ver a un dermatólogo (o a veces a un dermato-oncólogo) para cualquier nuevo bulto rojo de rápido crecimiento que sangre fácilmente para confirmar que es un granuloma piógeno y no un cáncer de piel. Después del diagnóstico, pueden eliminarlo de manera segura y enviarlo para histología si es necesario.
Un granuloma piógeno no es una emergencia, pero deberías reservar una visita rutinaria al dermatólogo dentro de unas semanas para cualquier nuevo bulto rojo de rápido crecimiento que sangre fácilmente. Busca atención urgente el mismo día si el sangrado no se detiene con presión firme o si hay signos de infección que se propaga.