Los nevos benignos se forman cuando las células pigmentarias de la piel crecen en pequeños grupos en lugar de extenderse uniformemente. La genética, la exposición al sol y a los rayos UV, y los cambios hormonales juegan un papel en cuántos lunares tienes y cómo se ven. A veces, las lesiones, la radiación o ciertas enfermedades también pueden desencadenar nuevos lunares o cambios en los existentes.
Un nevus benigno típico tiene un riesgo muy bajo de convertirse en melanoma, similar a la piel normal. El riesgo es ligeramente mayor en lunares congénitos grandes o gigantes, especialmente aquellos de más de 20 cm, pero sigue siendo bajo en general. Las principales señales de advertencia son cambios en el tamaño, forma, color o nuevos síntomas como picazón, dolor o sangrado.
La mayoría de los nevos benignos no necesitan tratamiento y pueden simplemente ser monitoreados con el tiempo. Si un lunar es sospechoso, repetidamente traumatizado o molesto estéticamente, puede ser extirpado quirúrgicamente y enviado para histología. Los métodos destructivos como el láser o la congelación no se recomiendan para nevos pigmentados porque destruyen el tejido necesario para un análisis adecuado.