El melanoma lentigo es causado principalmente por el daño solar acumulativo a largo plazo en la piel, especialmente en el rostro, lo que lleva a un cambio maligno en las células pigmentarias dentro de una mancha preexistente llamada lentigo maligno. La predisposición genética, la piel clara y la inmunidad antitumoral reducida también juegan un papel en quién desarrolla este tipo de melanoma.
El melanoma lentigo conlleva un alto riesgo de recurrencia local y propagación a los ganglios linfáticos y órganos internos una vez que invade las capas más profundas de la piel. El riesgo es mayor en personas mayores, de piel clara, con una exposición solar intensa a lo largo de su vida, un historial de quemaduras solares o melanoma previo.
El tratamiento principal para el melanoma lentigo es la excisión quirúrgica amplia con márgenes de seguridad, a veces combinada con cirugía de ganglios linfáticos si se sospecha propagación. En casos más avanzados, se pueden usar tratamientos adicionales como inmunoterapia, terapia dirigida, quimioterapia o radiación, mientras que los métodos destructivos locales como el láser o la congelación no son apropiados para este cáncer.